Si mañana faltas,
que a tu familia no le falte.
Tú me cuentas de tu familia. Yo te consigo la póliza que los deja protegidos, sin que pagues de más.
Quiero proteger a mi familia
Comparo entre
Deja protegidos a los tuyos.
Son 10 minutos por teléfono. Me cuentas de tu familia y te digo qué te conviene.
¿Qué me falta por saber?
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“¿Cuánto voy a pagar?”
Depende de tu edad, tu salud y de cuánto quieras dejarles. Por eso no doy precios de lista: quien te da una cifra sin conocerte está adivinando. En los 10 minutos sale tu número, con tus datos.
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“Ya tengo el seguro del trabajo.”
Ese seguro es de tu empleo, no tuyo: el día que cambias de trabajo se queda ahí. Y casi siempre cubre menos de lo que tu familia necesitaría. Lo revisamos juntos y te digo si te alcanza o no.
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“¿De verdad pagan cuando pasa algo?”
El pago lo hace la aseguradora directamente a los beneficiarios que tú designaste, conforme a las condiciones de la póliza. Por eso importa cómo queda redactada desde el principio. Si llega el momento, yo acompaño a tu familia en el trámite.
Lo que de verdad estás asegurando
Que el día que tú faltes, a los tuyos no les cambie la vida.
La misma casa, la misma escuela, la misma mesa de siempre. Un seguro de vida no te regresa, pero deja todo eso en pie. Eso es lo que se firma.
¿Y si lo dejo para el año que entra?
Tu prima se calcula con la edad que tienes el día que firmas. Cada año que dejas pasar, la misma protección cuesta más.
Y basta un diagnóstico para que la decisión deje de ser tuya y pase a ser de la aseguradora.
Quiero proteger a mi familia
